martes, 1 de enero de 2013

Recuento del año viejo

  1. La casa llena de sonrisas, karaokes, arrumacos, indecisiones, series gringas, vasos rotos y mudanzas.
  2. El mar que trae entre la espuma nuevas caras y alegrías.
  3. El trabajo interminable que crece y crece, pero que aunque agotador, también satisfactorio.
  4. El encuentro del rincón ideal. 
  5. Los labios hallados que además de besar, charlan, provocan carcajadas y promulgan la domesticación quedita.
  6. Las aventuras de este terco corazón que me tocó.
  7. La música como soundtrack de un camino nuevo.
  8. La decepción de hallarlo y no ser correspondida porque el universo olvidó conspirar a mi favor.
  9. Las certezas volcadas en angustias.
  10. Los planes de mandar todo a volar.
  11. Las confesiones que sorprenden, que hacen sonreír, que preocupan, que incomodan.
  12. Los reencuentros.
  13. Los viajes físicos y químicos.
  14. Los tequilas, mezcales y rones traicioneros.
  15. Los descubrimientos gastronómicos.
  16. El ahijado.
  17. Los paseos sobre ruedas.


jueves, 10 de mayo de 2012

El amor no es eterno, nos mintieron


Hay dos cosas que el hombre no puede ocultar:
que está borracho y que está enamorado.
- Antífanes


14.02.10

"El beso" de Constantin Brancusi, 1907.
Flores, globos de corazón, serenata, ojos de borrego, medias horas de espera en el lobby del motel, bares, cenas románticas, love stores a reventar: Es 14 de febrero, cuando el amor es rojo, kitsch, chillante; hipérbole del corazón: pétalos de rosa, copas de vino, media luz y chocolate. Así  nos lo pintaron. Arréglate, perfúmate, sonríe como idiota, ponte nervioso, susurra miel, finge: es el amor de tu vida. Regocíjate con este amor eterno, cuando menos hoy, porque el gusto dura poco (poquitito). Disfrázate de cursilería, de rojo, de versos pegajosos, de clichés y gózalo, porque la pila de ese amor dura 18 o 30 meses (¡!), por mucho. No es eterno, tiene caducidad.
Disculpa si te lo digo. ¿Recuerdas aquél roce que te hizo vibrar? No era más que la feniletilamina (¡ja!): invadió tu cerebro; te enfermó. Sí, estás enamorado, es “imbecilidad transitoria”, como diría Ortega y Gasset. Te sentías vigoroso, pudiente, excitado, triunfador. Lástima, es efímero. Tu cuerpo es sabio, pronto creará defensas contra el “mal de amor” y sí, jamás volverás a sentirlo con tanta intensidad. Pensaste que valía la pena, pero sólo fue el efecto de la norepinefrina, de la endorfina y a la vez, de tus bajos niveles de serotonina. Querías construir una historia inédita, segura y duradera, más allá de aquel placer momentáneo; también es pasajero, producto de la oxitocina y vasopresina que te invaden. Y lo peor: El amor es adictivo. Sentirás obsesión, frustración al no aprehenderla, celos, insatisfacción, desesperación, tal vez hasta odio.  Olvídalo, el amor no es eterno. Nos mintieron. Pero claro, si es tu gusto, pasa por ella a las 7, llévala a cenar al Le Cirque, invítala a hacer fila en un motel y lleva preparados muchos chocolates que también tienen todas las –inas anteriores y más: serán la medicina ideal para cuando ya no estén juntos.  Tal vez llegue el momento en que ambos prefieran disfrutar del chocolate amargo en lugar de acompañarse a vivir una historia de amor.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Sueño de sombra y duda

¿Y si viene, o está en la puerta, casi tocando el timbre para entrar? Yo mientras espero, escucho a Joaquín, leo un poco, planeo y sueño con charlas lejanas. Pienso en qué será de mí si arreglo esos asuntos pendientes. Aseguro que, si es que persisten, esperan respuestas, conversaciones, sonrisas. Reflexiono y pienso en si las dudas que antes estaban tan ansiosas por resolverse no se han convertido en costumbre... si incluso la nostalgia se ha vuelto rutina. Y está bien, retomo las fuerzas y pongo las cartas sobre la mesa para realizar esa larga lista de interrogaciones; le echo más leña al fuego del recuerdo sonriente y entonces concluyo que sí, que vale la pena. Y no vendrán ni el "pero", ni el "para qué", ni el "mejor así". Me despido de esta indecisión  tan cotidiana en mí que me hacía dar un paso y luego retroceder. Deshago mis nubes. Duermo, y en el país de los sueños, resuelvo el encuentro: Caminando por largos pasillos, acompañada de mi amiga, lo descubro entre la multitud. Quiero ser discreta e indicarle a mi acompañante que ahí está, que es él, pero su mirada me encuentra y se alegra (es un sueño, comprendan). Camina hacia mí, me dice hola (por primera vez), me abraza apretando la mochila en mi espalda. Charla. Risas. Frente a él está su cita de cabellera oxigenada y revuelta que no tiene más que sombra en el gesto, como muyin. Me voy. 

viernes, 7 de octubre de 2011

Soñé que era flaneur

"Caminante" de Andreu Buenafuente, 2008
El camino que va de la fábrica de aprendizajes a la rutina del hogar se construye con la cadencia de los pasos, los toc-toc que suenan como balas en la acera, pero acá, en lengua cursi  y con destellos de alegría. Son muy parecidos a los latidos de la ciudad, esos que se hallan en el Centro Histórico debajo de la sombra abanderada, frente a las librerías de viejo; sobre las cartas de Santo Domingo o debajo del brincoteo que las multitudes cantan con sus prisas. No todos sabemos deambular como se debe, así, respetando las implicaciones de perderse y angustiarse, o de encontrarse y saborear los nuevos descubrimientos. Además, bien creo -a últimas fechas- que no sólo uno busca los caminos, sino que es un acto de ida y vuelta; que ellos, también, con sus necesidades te aclaman y terminan por encontrarte cualquier tarde, casi en el justo momento en el que, ambos, comenzaban a inventarse nombres. De ese modo, casualmente previsto, les dices cómo te han de invocar, mientras ellos adivinan tu estela y concluyen el porqué de ese encuentro. Cuestión de murmullos, quizá, de telepatías, presentimientos, investigaciones coincididas o suspiros... Sin duda, tras andar exprimiéndose hasta la última sorpresa, ese camino que de primera instancia fue el cofre de tesoros recién descubiertos, un día se hace recuerdo o nostalgia o coraje o felicidad u orgullo... Y, ambos, al unísono otra vez, buscarán con urgencia otros encuentros, no sin definirse como veredas sonrientes, musicales o ingeniosas, que ya son imprescindibles por tanto recorrer. 
     

miércoles, 13 de julio de 2011

Mujer carcajada


Salimos del Carlos Lazo, apuradas para llegar a Historia de las culturas. Habíamos visto una película, de esas que durante muchas tardes acostumbramos mirar acompañadas. Nos urgía llegar a la clase porque no teníamos más cartuchos-faltas por quemar, así que abrió su sombrilla y me albergó debajo de ella; pero el trayecto entre la Facultad de Arquitectura a la Biblioteca Central fue cruel, pues la que era lluvia túpida pero inofensiva se convirtió en una enorme cubetada de agua que de un solo golpe nos empapó. Así que entramos al salón tarde, sin merecernos la asistencia, escurriendo la que para entonces ya era agua helada. Sin embargo, siempre que recuerdo ese momento, me alegra saber que aquella chica era  desde entonces mi compañera de viaje:
Ella es la mujer carcajada, la sincera, la aventurera, la intensa, la que complementa sabiamente con refranes de la abuela. No tengo claro cuándo comenzamos a esperarnos para salir juntas del salón, ni cómo decidíamos seguirnos los pasos a comprar un dulce o un cigarro, sólo sé que junto a ella descubrí los primeros resquicios de mi segundo hogar, e incluso, compartí en charlas , los primeros besos universitarios. Fue consuelo de mis desamores y oído para los problemas familiares. También fue compañera de desveladas y estudio. Y sin duda, de carcajadas y fiestas de la Universidad. Le debo un mejor amigo, una deliciosa torta de frijoles y plátano macho, una antología comentada de romances, muchas cervezas universitarias, el prodigio de sentir la piel de gallina al cantar un Goya tras la presentación de su coro, y desde luego, el orgullo de saberla mi amiga, mi verdadera amiga, que aunque durante algunos años nos mantuvimos lejos, el día de mi cumpleaños 26 (sí, ese de la botella de tequila en la cocina y del choque en Mixcoac), me recibió de vuelta con los brazos abiertos.
      Ahora ya pasaron 10 años desde aquellos tiempos, toda una década de confidencias y si hoy escribo no es nada más porque le debía estas letras, sino porque es hoy día de felicitarla, pues cumple años. Y yo, desde la poco usada mesa de mi nueva casa, le dedico las breves y pobres líneas anteriores en compensación por no poder darle un fuerte abrazo justo en este momento. 
      Allyn, qué bien se siente viajar contigo un cumpleaños más. ¡Te amo, amiga!

jueves, 30 de junio de 2011

Me han tocado...

12 aburridos             3 cultos                        2 ignorantes           3 patanes
3  acomedidos          3 dadivosos                 12 indecisos           1 perdedizos
2  albureros              3 dependientes             3 indefensos           2 perfeccionistas
2  altos                     5 deportistas                2 infantiles              12 perversos
1 amanerado            9 desmadrosos             3 interesantes          6 pichicatos
2 análogos                4 despilfarradores        3 inútiles                  2 pirujos
8  antojadizos           3 desprendidos            3 inventivos              2 poetas
4  artísticos               3 detallistas                  3 irrespetuosos        3 revolucionarios
4  aventureros          1 drogos                       1 jazzero                12 risueños
12 bailadores*          4 dulces                       3  juguetones          11 rockeros
2 berrinchudos         12 egoístas                   11 machistas             4 románticos
12 besadores             2 elitistas                     2 mamones              2 salseros
2 borrachitos             2 escritores                 2 mandilones            2 selectos
9 caballerosos           3 feministas                  2 mantenidos           1 skato
2 celosos                  4 flacos                        4 melómanos           1 tartamudo
2 chaparritos            12 flojos                       1 mentirosos            12 tiernos
...cogelones              3 gordos                      12 mugrosones         12 tocadiscos
2 comelones             2 groseros                    2 mujeriegos             2 todólogos
3 comprensivos        2 gruñones                    1 naco                      2ubicados
2 computarizados     2 histéricos                   1 neuróticos              3 viajeros
12 consentidos          4 hogareños                 12 obsesivos            2 violentos
12 coquetos             12  idiotas                     3 ocurrentes             2 visionarios

* casi

martes, 26 de abril de 2011

Teotihuacán, lugar donde se hacen los dioses

La ciudad sin sombra, la energética, la escalonada, la ruinosa, la sagrada, la de tierra suelta cual campo de futbol llanero, la del calor seco, la que vende la historia en precios altos, la que atrae por igual a los turistas que rayan las paredes, a los que se interesan en tener memoria histórica, a los que explican la historia ajena, a los que se cargan de energía, a los que ponen atención, a los que en cuadernos copian enteritas las placas informativas, a los que aguardan abajo a sus acompañantes, a los adoloridos, a los que suben para tener la mejor toma, a los que desde arriba miran como hormigas las filas de espera. Ciudad de la vendimia ambulante: la que ofrece de contrabando botellas de agua helada como si vendiera droga; la que habla un inglés muy mexicano para ofrecer puñales de obsidiana con diseño único; la que extiende colchas, pule piedras, esculpe calendarios aztecas. 
       Dicen los estudiosos y ordenados cuidadores de la Pirámide del Sol (quienes incluso han calculado el tiempo en que tardan aquellos que padecen vértigo y dudan si dar o no un paso más en la escalinata) que quien desee recargar su energía el 21 de marzo tardará un aproximado de cuatro horas una vez que se haya formado para subir; no más, no menos. Eso sí, prohibidas las carreolas y las sombrillas abiertas para protegerse del sol. No importa, la fila es amigable, repleta de multiculturalidad y compuesta por jóvenes extranjeras vestidas con diminutos shorts, jóvenes autóctonos empujándose un poco; jóvenes familias; jóvenes excursionistas; niños alborotados; bebés insolados; abuelas fatigadas, y demás visitantes ávidos de energía positivamente prehispánica. Quizá, si se tiene mucha suerte, encuentren algún portugués perdido entre la gente, que haya comprado un salterio antes de subir y amenice un poco al tocar "La cucaracha", mientras algún otro le echa porras y le grita con entusiasmo: ¡Pita! ¡Pita!